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La magia del mundo onírico ha estado presente a lo largo de la historia del pensamiento y del mundo creativo, en la mitología, en los cuentos, en la literatura,  en la pintura, en el cine y en las artes en general.  Ha fascinado a la humanidad desde tiempos muy remotos y sus misterios han sido motivo de estudio de la filosofía, las ciencias y en especial de la psicología.

Hoy se sabe que el sueño está muy relacionado con nuestro bienestar emocional. De hecho, ante una experiencia negativa que provoca un impacto emocional, desciende la energía en la parte del cerebro que controla las emociones durante la fase REM ( en la que soñamos), por lo que podemos asegurar que soñar tiene un efecto terapéutico y puede ayudarnos a superar situaciones difíciles aunque no suponga la cura total de nuestros problemas emocionales.

Mientras dormimos nuestro cerebro comienza una aventura apasionante, llena de incógnitas, en la que podría decirse que nuestras neuronas comienzan una extraña y enigmática danza, emitiendo señales eléctricas de forma sincronizada en nuestro cerebro aumentando o disminuyendo este ritmo. Cuando el ritmo aumenta, las pupilas empiezan a moverse (fase REM), pero seguimos dormidos. Hemos empezado a soñar.

En nuestro país de Nunca Jamás particular, podemos llegar a vivir hasta seis sueños en una noche, pero solo recordaremos la última de nuestras aventuras si nos despertamos en la fase REM. Los anteriores sueños serán borrados.

Decía Freud en la Interpretación de los sueños que éstos expresan los deseos más prohibitivos de la persona y la interpretación de los mismos revelaría sus problemas psicológicos y sería muy compleja. Nada que ver con ciertas recetas adivinatorias de escasa o nula validez científica.

La alquimia de nuestros sueños estaría compuesta por los recuerdos más inmediatos, nuestra voz interna que sugiere pensamientos e ideas y la imaginación, con su parte de irrealidad, los lugares imaginarios y las situaciones más inverosímiles.

La mente siempre tiene un propósito, por lo que los sueños pueden ser una vía de acceso al inconsciente, una ventana a sus secretos. Hay una parte de nuestra mente que edita nuestros sueños y si soñáramos con la realización literal de nuestros deseos, las poderosas emociones que esto podría provocar nos despertarían, por lo que se produce una transformación del contenido del sueño disfrazando su significado real.

Los componentes de lo que se llama el trabajo del sueño, modifican los pensamientos y las imágenes en formas aceptables y finalmente nuestro ego reorganiza los extraños componentes para que tengan un significado aparente.

En cada sueño hay más que una historia, más de lo que parece. Es el soñador el  que le otorga significado a los símbolos que aparecen en él. Soñar es una forma de darle sentido al pasado, a sus pérdidas y a los elementos que ya no están en ella buscando el modo de retenerlos.

Además, los sueños, según recientes investigaciones pueden ayudarnos a resolver problemas y mientras dormimos se consolidan recuerdos en la memoria al retener información.

Por qué soñamos y cómo influyen las experiencias de nuestra vida en los sueños continúa siendo un enigma, pero lo cierto es que necesitamos seguir soñando.

“Quien  mira hacia fuera sueña, quien mira hacia dentro se despierta.” Carl Jung

Imagen: Enrique Sánchez Sostre